REGRESSION TOWARD THE MEAN
Santiago Simón es parte de una generación de mediocampistas interiores por derecha que jugaron en la reserva de River y también en la Selección Argentina. Todos dirigidos por Marcelo Gallardo. Exequiel Palacios, categoría 98, se fue del club de Núñez luego de la final de Copa Libertadores frente a Flamengo a fines de 2019. Tres meses más tarde, debutó en primera Enzo Fernández, y en noviembre de ese mismo año lo hizo Simón. Santiago alternó suplencias y titularidades, pero luego de la eliminación del equipo contra Atlético Mineiro, se ganó un puesto entre los que iniciaban. La primera de esa muestra fue frente a Arsenal, y lo hizo como lateral derecho. En el segundo encuentro se ubicó como mediocampista interno. El siguiente fue contra Boca, lo comenzó como el partido anterior, pero luego de la lesión de Braian Romero, Gallardo lo colocó como extremo por derecha. Desde esa posición habilitó a Julián Álvarez para el segundo gol del clásico que terminó ganando el Millonario. Luego llegaron las ausencias por lesiones y convocatorias a los diversos seleccionados del continente. El nacido en José Carlos Paz mantuvo su lugar y las rachas, tanto suyas como las del equipo. Diez victorias en once partidos, sin derrotas, desde ese primer encuentro con Arsenal hasta coronarse campeón frente a Racing en el Monumental. Por su parte, contabilizó diez asistencias y cuatro goles en un período de 49 juegos hasta que perdió su puesto por rendimientos y lesiones. Es decir, cada tres partidos y medio, Santiago Simón daba una asistencia o metía un gol. Un desempeño inhabitual en un juvenil de 19 años.
Pero todo jugador sufre un bache emocional luego de tener una gran aparición en primera, y Santiago, sumado a las lesiones, tuvo que pasar por eso. Con la ida de Marcelo Gallardo y la llegada de Martín Demichelis, perdió terreno en la consideración para el primer equipo. En la Liga Profesional que se jugó en la primera parte del año, de los 27 encuentros, solo estuvo en diez, sumando 280 minutos de los posibles 2430. En la segunda mitad del año estuvo más presente. Las ventas y las continuas búsquedas de alternativas hicieron que Simón complete algunos encuentros, lo que no había podido hacer en los primeros seis meses. Las dudas para el 2024 pasaron a ser una preocupación. En el primer amistoso del año, frente a Monterrey, en Dallas, sufrió una luxofractura en el primer metacarpiano de la mano derecha. El brazo con el que suele señalar el piso cuando pide una pelota al pie, la que le da estabilidad para poner un pase a rastrón. Dos características distintivas: pedirla y la pelota siempre al piso. Luego de un mes y medio alejado de las canchas, volvió a jugar en marzo. Poco. Solo 20 partidos hasta la vuelta de Marcelo Gallardo. Pero el dato sobresaliente es que en esas dos decenas de encuentros no tuvo ni goles ni asistencias.
Existe un concepto matemático utilizado en estos tiempos por el baloncesto, para ser más exactos, por la NBA. Su nombre es Regression Toward The Mean. Regresión a la media. Se explica como el fenómeno en el que si una muestra de una variable aleatoria es extrema, es probable que el siguiente muestreo de la misma variable aleatoria esté más cerca de su media. Luis Scola, uno de los mejores basquetbolistas de la historia de nuestro país, lo explica con un ejemplo muy gráfico. Dice que si un jugador X mete tres goles, sale en todos los diarios, porque no es habitual que lo haga, y en breve volverá a su promedio. Ahora, si Lionel Messi hace tres goles, seguramente no sea noticia. Lo que intenta explicar este concepto es que todos volvemos a la media, y Santiago Simón tiene la suya. Es la de un elevado promedio de asistencias más goles por partido. Es más cerca de la selección que de la suplencia en su club. Es la de ese juvenil con futuro que pronto pondrá el presente en el pasado. Volviendo a la media, en tiempos de vueltas.
