¿QUÉ PASÓ EN EL MEDIO?
Fue en 2018, luego de la eliminación de la Selección Argentina del Mundial de Rusia, que apareció en el público futbolero el nombre de Santiago Ascacibar. Pero todo comenzó mucho antes. En 2016 fue el debut en primera del “Rusito”, mismo año en que la Albiceleste perdía su tercera final consecutiva, frente a Chile en la Copa América de Estados Unidos. Las anteriores fueron contra el mismo rival, también por la misma copa, pero en su país, y la otra en 2014, en el Mundial de Brasil con Alemania. Esa, la última nombrada, fue la que comenzó a impacientar a parte del público. La que empezó con “Mascherano más diez” y que terminó en 2018 con la frase “le arma el equipo al técnico”, poniéndolo en lugar de desestabilizador. La eliminación del último mundial disputado en Europa exhibía que perder tres finales consecutivas no era un fracaso, y que había que conseguir un nuevo culpable. Los dedos apuntaron al antes endiosado Javier Mascherano.
En este contexto asumió como director técnico interino Lionel Scaloni. El público futbolero pedía a Santiago Ascacibar, un mediocampista que tenía rasgos deportivos similares al primer Mascherano. “Me gusta jugar a dos toques, estar siempre bien posicionado y ser agresivo en la marca”, comentó a días de su debut en Estudiantes de La Plata. El “Rusito” era el típico cinco, mediocampista central, del viejo fútbol argentino. Carácter, escaso contacto con la pelota y una garantía en lo defensivo. El famoso “quito y la doy” o “cuido mi quinta”. En Argentina se hablaba de él, incluso previo al debacle. En su primer año como profesional fue ternado al Olimpia, premio que da el Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires, al mejor futbolista local. A un año y siete meses de su debut, el juvenil partió a Alemania para jugar en el Stuttgart. En esa institución se encontraba cuando Scaloni dio su primera lista de convocados, en la que el propio jugador estaba citado. Contra Guatemala entró por Leandro Paredes para jugar todo el segundo tiempo. Frente a Colombia esperó en el banco. Con Irak ingresó a los 46 minutos por Maximiliano Meza. Con Brasil no entró. De los dos partidos frente a México, dijo presente en el segundo, donde fue titular. De los seis primeros encuentros del nuevo entrenador, Ascacibar fue convocado en todos los amistosos, incluso jugó la mitad. Cuando más cerca parecía de estar en el futuro de la selección, en realidad, cada vez se estaba alejando más.
Lionel Scaloni formó parte del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli en Rusia 2018. Ahí pudo percibir desde cerca que el fútbol estaba cambiando, que pasaba de ser de tenencia de pelota a algo más vertical, dinámico o de contraataque. Este año comentó en Clank, programa conducido por Juan Pablo Varsky, algo de lo que él había visto: “Cuando termina el mundial, las estadísticas decían que los equipos que tenían posesión de pelota no les había ido bien, y los de transiciones rápidas tenían más chances de ganar. Nosotros apuntamos a este tipo de jugador en las primeras convocatorias. Pero fueron pasando los partidos y nos dimos cuenta de que había una buena camada de futbolistas, y necesitamos hacernos fuertes a través de la pelota, y no tuvimos dudas en cambiar. Jugamos esos seis partidos de una forma, pero nos dimos cuenta de que necesitábamos otra cosa”. Mediocampistas como Leandro Paredes, Rodrigo De Paul, Giovani Lo Celso, Exequiel Palacios, Enzo Fernández o Alexis Mac Allister comenzaron a hacerse cargo del mediocampo de la selección. Todos ellos, o la gran mayoría, fueron en algún momento de las inferiores clásicos enganches. Esta posición, aunque más que una ubicación es un desarrollo de una función, es el saber complementar el desparpajo, que contiene gambeta, con la conducción, que tiene que ver con la creatividad de darle la pelota a un compañero dejándolo en una mejor posición. Estos armadores, creativos, conductores, en una palabra, enganches, emigraron a Europa. Ahí aprendieron el “Box To Box”, la idea de área a área. Recuperar cerca de la propia y llegar a posición de gol en la ajena. Es decir, el cuerpo técnico de Scaloni se encontró con una camada de jugadores que exponían que la idea sea la que es. Porque para el técnico de la selección, el jugador está por encima de todo, de ahí lo demás: formas, estrategias y esquemas.
Ascacibar, sin tanto terreno en la selección y en Europa, con pasos por el Hertha Berlín, club al cual pertenece, y por el Cremonense de Italia, decidió volver a nuestro país con todo lo aprendido. Estudiantes recibió al padre de familia que se había ido luego de egresar en el colegio. Ahora, con todo lo aprendido, también es otro jugador. Ese chico que no había hecho goles en 50 partidos, en el presente cuenta con nueve tantos en 91 encuentros. El “Rusito” hace todo. Ahora es el ladero de Enzo Pérez. Al ex River los años lo hacen más posicional, entonces Santiago tiene que hacer el ida y vuelta, pero por el centro de la cancha. Cuando la pelota está en tres cuartos rival, él está ahí recuperando. Cuando el balón llega al área opuesta, Ascacibar no falta. Está en todos lados. Luego del partido contra Barracas Central, donde la rompió, el jugador contó el cambio a favor que le ocasionó su paso por Europa. En la Liga Profesional, antes de la última fecha, la cual no jugó, se encontraba liderando tablas de estadísticas como recuperaciones, disparos al arco, intervenciones y pases buenos. Es decir, en cuanto a los números, uno de los jugadores más completos del momento en el fútbol argentino. Recuperación de la pelota, contacto con la misma y llegada al arco rival. Santiago Lionel Ascacibar fue una de las mayores irrupciones de los últimos tiempos del fútbol argentino. Un cinco de marca por el que los europeos pagaron ocho millones de euros. En ese momento se hablaba del juvenil como uno de los abanderados de la nueva generación de futbolistas de la selección. En el medio pasaron cosas. Los cambios del fútbol y una camada floreciente de mediocampistas lo alejaron de las convocatorias. Pero él también cambió, y quizás, en cualquier momento se vuelva a hablar de Ascacibar.
