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CUALQUIER COLECTIVO LO DEJA BIEN

A orillas del Río Paraná se encuentra Puerto Rico, una ciudad de 19343 habitantes perteneciente a la provincia de Misiones. En uno de sus barrios, San Alberto, vivía la familia Portillo. Leonardo jugaba por todas las tardes, con su hijo Juan Carlos, a dar pases con la pelota. Al ver su ductilidad con el balón, decidió llevarlo, a sus siete años, a la escuela de fútbol 9 de Julio. A los 15, luego de un paso por el club 25 de Mayo, un conocido del barrio le consiguió una prueba, aunque no era fecha de captación, en Crucero del Norte. La institución misionera, que por entonces jugaba en la máxima categoría, siendo el club más joven en hacerlo, ya que fue fundado en 2003 por la empresa de colectivos que lleva su nombre, no dudó en la incorporación del juvenil. El chico que tenía tres años cuando se fundó el Club Social Mutual y Deportivo, debutó en primera en diciembre de 2018, cuando El Colectivero se encontraba en la Argentina A, tercera categoría del fútbol nacional. Tres meses más tarde, Juan, en una entrevista, dejaba en claro de dónde venía: “Vengo de una familia muy humilde, si se quiere en lo económico, pero muy rica en valores. A mi me enseñaron mis padres que todo se puede conseguir con esfuerzo y sacrificio”. A su vez, también era contundente en lo que quería: “Por suerte me puedo adaptar sin problemas a varios puestos, y eso creo que me da un plus para estar acá. No tengo un puesto que me guste más que otro, yo solo quiero jugar”.

Ese mismo año la dirigencia de la entidad misionera decidió dar a préstamo a varios juveniles del club a Deportivo Itapuense de Paraguay, entre ellos Juan Carlos Portillo. En su regreso, el jugador consiguió una prueba en Unión de Santa Fe. Como era plena pandemia, y no había colectivos, habló con Iván Molinas, compañero de equipo que se iba a probar a Alvarado de Mar del Plata, para viajar juntos en remis y dividir gastos. Juan Carlos tenía que llegar el lunes a Santa Fe. Salieron de Posados a las dos de la tarde, y doce horas más tarde llegó a la sede del Tatengue. Estuvo dos semanas jugando con la reserva, hasta que lo vieron de primera. Después de un hisopado lo llevaron a Casasol para que conozca al plantel. Hizo su presentación en primera división frente a Racing, en un Cilindro sin público, en noviembre de 2020. Su primer partido de titular fue por la fecha uno de la Copa de la Liga Profesional 2021, un torneo en el cual jugó las trece fechas, siempre desde el inicio y con la mayoría de minutos en cancha. De los 1170 posibles disputó 1142. Para Juan Manuel Azconzábal, su entrenador, fue tercer central en una línea de cinco. Para Gustavo Munúa fue mediocampista, de cinco o al lado del mismo. Con el uruguayo jugaron la Copa Sudamericana 2022. Terminaron primeros, siendo los únicos clasificados del Grupo H, que compartían con Oriente Petrolero de Bolivia, Junior de Colombia y Fluminense de Brasil. Contra estos últimos, campeones al año siguiente de la Copa Libertadores, disputaron dos partidos, ambos empates. En el primer encuentro, en Santa Fe, el mediocampo de Unión formó con Imanol Machuca, Juan Ignacio Nardoni, Juan Carlos Portillo y Kevin Zenón. Todos juveniles del club con los que compartió el misionero. Una camada que se completa con Federico Vera, Franco Calderon y Lucas Esquivel. Con ellos formó una defensa de cinco, a los que se sumaba Claudio Corvalán, en el ciclo del Vasco Azconzábal.

En 2023 pasó a Talleres de Córdoba. Con Javier Gandolfi jugó de lateral izquierdo. Para el entrenador fue siempre titular. Distinto fue con Walter Ribonetto. El sucesor de la banca lo dejó en el banco en las primeras cuatro fechas de la fase de grupos de la Copa Libertadores 2024. Pero en la jornada cinco compartió el mediocampo con Ulises Ortegoza, en lugar de Juan Portilla y Marcos Portillo. Y en la seis jugó por Matias Catalán, ausente en la zaga central. Desde entonces comenzó a ser un nombre habitual en las formaciones de Ribonetto. Por los octavos de final de la Copa Libertadores, frente a River Plate, en la ida en Córdoba, Juan Carlos lo hizo como lateral izquierdo. En el entretiempo, tras el ingreso de Blas Riveros al puesto, pasó a jugar en el mediocampo. Y a los 60 minutos, tras la expulsión de Lucas Suarez, se cambió a la defensa para ser central izquierdo. Tres posiciones que eventualmente desarrolló en el partido. Lo que asombra, además de la polifuncionalidad, es la naturalidad para desenvolverse dentro de un mismo encuentro. Los cambios de ubicación, y de las tareas, no malograron su rendimiento. La adaptabilidad que tuvo habla de su aptitud y de actitud.

Desde la vuelta con River, a la actualidad, pasaron 25 partidos. Juan se perdió, por acumulación de tarjetas, tan solo uno. De los 24 que participó en 23 completó la totalidad de minutos. Frente a Sarmiento, por la fecha 23 de la Liga Profesional 2024, Talleres debía ganar para seguir peleando el torneo. Vélez, el puntero, venía de empatar cinco de sus últimos seis encuentros. Los de Junín habían logrado tan solo tres de los últimos dieciocho puntos. A los 74 minutos Portillo desbordó por izquierda y tiró el centro con la zurda para que Juan Rodriguez ponga el uno a cero. Al volver a su puesto de central izquierdo, luego de los festejos del gol, la hinchada coreó su apodo de Sicario. Esto habla de un defensor que gambetea, de un diestro que tira centros con la zurda. Y se suma a la velocidad defensiva a la hora de cerrar detrás de un compañero, como ocurrió contra Deportivo Riestra. La jugada la siguió poniendo el cuerpo contra el delantero rival, aguantando la pelota y saliendo solo para más tarde dársela a uno de su equipo. En la lista también están los duelos aéreos que ganó ante el Millonario en la ida de Libertadores, uno de ellos para habilitar a Matías Catalán en el gol anulado. En pocas palabras, Juan Carlos Portillo no tiene problemas de perfil, tampoco con las coberturas. Va bien arriba y es fuerte en la marca. Tiene conducción y buen pase. Por todo esto, puede jugar en cualquier lugar de la cancha. Y lo puede hacer en cualquier momento. Porque, además, le sobra actitud. la misma que tuvo una vez para decir que lo único que quería era jugar, sin importar el puesto. La misma que lo hizo tomarse un remis para ver si tenía la oportunidad de jugar en primera. Es que Juan Portillo le cambió el sentido a la frase “cualquier colectivo lo deja bien”.

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