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DE VIENTOS Y ORILLAS

Víctor Ignacio Malcorra llegó a River Plate a los 14 años desde la Comisión de Actividades Infantiles de Chubut. De chico era enganche, pero en el club de Buenos Aires, por superpoblación en el puesto, lo colocaron de carrilero izquierdo. En 2007, la reserva de la institución de Núñez contaba con más jugadores de la primera que de inferiores. Es por esto que Nacho decidió, en conjunto con su representante, irse a Uruguay. Por problemas entre ambos, el jugador se volvió a Comodoro Rivadavia para jugar en la CAI. El club, en el sur del país, se fundó en 1984, y en 2002 logró su primer ascenso a la B Nacional. En 2008, primera temporada de Malcorra en el equipo, Emanuel Trípodi, arquero que luego jugaría en Boca Juniors, metió un gol de arco a arco luego de su saque. El viento es un factor determinante en las canchas patagónicas. Según la tesis del alumno Tomás Lúgaro, egresado de la Licenciatura de Ciencias Ambientales de la FAUBA, facultad perteneciente a la UBA, Universidad de Buenos Aires, los vientos en nuestro país suelen ser de ocho kilómetros por hora a 27. Los primeros son registros de Jujuy, y los segundos de la Patagonia, en el año 2022. En esas circunstancias jugaba Ignacio Malcorra. “En Comodoro Rivadavia fue donde más practicaba pelota parada. Con el viento se saca mucha ventaja. Eso influyó para mejorar mi pegada”, contaba el rionegrino. Tiros libres, córners y centros con pelota en movimiento desde la izquierda, su lugar en el mundo. Las tres temporadas que estuvo en el club del sur, siempre lo hizo en ese sector. El último año, el del descenso, se ubicó a la izquierda de Leonardo Gil, otro juvenil de la entidad chubutense.

Consumada la pérdida de la categoría, Ignacio se fue a jugar a la costa de la provincia de Buenos Aires. Aldosivi de Mar del Plata le dio un lugar en su orilla izquierda. Al costado de Enrique Seccafién, o al lado de Jonathan Galván, quien por entonces jugaba, en ocasiones, de doble cinco. En 2014, Unión de Santa Fe lo fichó. Una temporada en la B y el 2015 en primera. Siempre por izquierda en el mediocampo de cuatro jugadores que ubicaba Leonardo Madelón. Por la fecha cuatro de la Liga Profesional, en el Monumental, frente a River, Nacho metió su primer gol en Primera División. El mismo fue de tiro libre. Luego anotó en la siguiente jornada, contra Independiente, en la seis frente a Aldosivi, por duplicado, y en la siete frente a Vélez Sarsfield. Dos de esos últimos cuatro fueron de tiro libre. De esa forma, en ese torneo, le convirtió a Godoy Cruz y a San Lorenzo. Cinco de sus primeros siete tantos en la máxima categoría fueron de la misma forma, con su pegada, lo que lo distingue como un especialista en el fútbol local. Esa misma forma de ejecutar la pelota no solo es para los tiros libres. También lo destacan como uno de los mejores asistentes en el país, con pelota parada o en movimiento. De los 45 encuentros que jugó en el club santafesino, Malcorra marcó 15 goles y asistió en 17 ocasiones. De estas últimas, ocho fueron desde la izquierda, otras cuatro mediante tiros de esquina, dos de tiro libre, otras dos por derecha y una por el centro. Todas las habilitaciones, menos una, con la zurda. Es decir, las asistencias del dueño de la camiseta número once llegaban del mismo perfil: por pelota parada o por izquierda, y con la zurda.

Después de su gran paso por el elenco Tatengue, Nacho se fue a jugar a México. Llegó en 2016, jugó en Tijuana, Pumas y Atlas. En 2021 volvió a Argentina para jugar en Lanús. Las cosas seguían de la misma forma. El chico de la Patagonia, ahora de 33 años, seguía con el pelo al viento en sus corridas por izquierda. Sus doce asistencias fueron con su estilo: siete del costado izquierdo, cuatro vía córners y una de tiro libre. Su gran paso por el Granate se ve reflejado en la cantidad de goles que les hizo hacer a José Manuel López y a José Sand. La participación en 20 goles en 38 partidos en el plano local hicieron que Rosario Central lo contrate a sus 34 años y 11 meses. Víctor Ignacio Malcorra tenía dos sueños cuando volvió a la CAI luego de su paso por River: jugar en Primera División y salir campeón. Uno ya lo había cumplido, y de gran forma. Luego de ser dirigido por Carlos Tevez en el equipo rosarino, en 2023, Miguel Ángel Russo decidió darle un rol diferente. Con la llegada de Jáminton Campaz al Canalla, el entrenador, después del primer partido juntos, optó por poner a Nacho como enganche, como cuando era chico. Desde ahí asistió a Campaz a la izquierda, se tiró a la derecha para hacer goles a pierna cambiada y llegó al área por el centro para marcar tantos. Todo eso sin perder su esencia: su velocidad y su pegada. Por la fecha siete de la Copa de la Liga Profesional, lesionado, entró a los 55 minutos para jugar el segundo tiempo en el clásico contra Newell’s. A los 86 acomodó la pelota para pegarle en el pico y mandarla adentro. Uno a cero para los canallas. Tres meses más tarde, Nacho Malcorra, frente a Platense, gritó campeón, por primera vez en su vida.

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