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EL TIEMPO DE MARCELINO

Por la primera fecha de la Liga Profesional 2016, Marcelino Moreno ingresó a los 51 minutos por Ciro Rius para formar delantera con Lautaro Acosta y José Sand, quien sustituyó a Brian Montenegro que había errado un penal en el primer tiempo. El mendocino hacía su debut por torneo local para Lanús frente a Boca. De entrada mostró su desparpajo y revolucionó a toda la defensa rival. Al minuto de haber ingresado gambeteó a Guillermo Sara, y Frank Fabra salvó el gol en la línea. A los 22 del segundo tiempo recibió la pelota sobre la derecha y en velocidad superó a Juan Manuel Insaurralde, que no lo pudo detener con un manotazo en la cara, para más tarde tirar un centro atrás, de zurda, para que Sand impacte contra el palo y en el rebote Acosta ponga el uno a cero. Ese fue el resultado final. Moreno demostró en su presentación al mundo del fútbol ser insolente y extrovertido. Pero todo dentro de la cancha. Afuera era otra la historia.

Marcelino había cumplido hacía dos meses 21 años. Edad avanzada para un debut en la máxima categoría. Nunca es tarde, pero el promedio suele ser muy inferior. Es que el futbolista llegó a la institución a los 16 años. Luego de haber quedado en Boca, las autoridades del club de la Ribera cambiaron y con ello también lo hicieron los encargados de las inferiores. Moreno se volvió a Monte Caseros y un año más tarde arribó a Lanús. En el equipo del sur fue convocado por Guillermo Barros Schelotto, entrenador, para formar parte del plantel principal. Pero el juvenil extrañaba a su familia y se escapó a Mendoza. “Lloraba todos los días”, cuenta en el presente. A su vuelta fue enviado a préstamo a Talleres de Córdoba. Con El Matador consiguió el ascenso del Federal A a la B Nacional. Regresó al Granate para ser opción en la cuarta división campeona del torneo local que disputaba la Copa Libertadores Sub 20. Marcelino no solo se adaptó al equipo, sino que además fue la figura.

Aunque se quería volver, su padre, vendimiador, le decía que se quede en Buenos Aires. Meses más tarde debutó de la mano de Jorge Almirón, arquitecto del equipo que llegó a la final de la Libertadores 2017, con una formación muy similar a la que compartió campo con Moreno el día de la victoria frente a Boca. En el partido de vuelta contra Gremio de Brasil, ingresó faltando 25 minutos. De a poco, el por entonces extremo, se fue ganando un puesto entre los que iniciaban en cada partido. Pero algo no lo dejaba convertir su primer gol. Su señora le decía que esté tranquilo, que iba a llegar. Pero pasaron varios encuentros. En enero de 2019 visitó su provincia para jugar contra Godoy Cruz. Lanús ganó, pero él seguía sin convertir. Luis Zubeldía, director técnico, notó que esto lo estaba afectando. “Me dijo que esté tranquilo, que las cosas iban a salir bien”. Dos meses más tarde, y a 81 partidos desde su debut, Marcedinho, como le decían en su barrio, pudo convertir su primer tanto. “Cerré los ojos y traté de definir”, dice hoy, como alguien que se sacó un problema de encima. Sand cuerpeó a quien salía a cortarlo y él tiró al bulto. Todos sus compañeros fueron a festejarlo con él.

El dueño de la camiseta número 25 fue vendido a Estados Unidos para jugar en Atlanta. Se fue siendo una gran proyección, y este 2024 volvió para usar la diez del equipo, con la experiencia de los años y de los partidos disputados. El 27 de enero abrió su segunda etapa en el club, y recién al séptimo encuentro pudo convertir. Pero esta vez es diferente. En 33 partidos cuenta con nueve goles y diez asistencias. Pero si lo llevamos a tiempo neto, cada 137 minutos convierte o asiste a algún compañero. Pasó de 19 goles más asistencias en 112 encuentros en la primera etapa, a la misma cantidad pero en 33 partidos. Es que ahora Marcelino se toma un tiempo más. Sigue teniendo la misma destreza, pero en el presente maneja otros tiempos. Mira y luego ejecuta. Cinco goles del equipo llegaron después de una ejecución de tiro de esquina de él. Pero no solo lo hace con la pelota parada, también cuando la misma está en movimiento. Un claro ejemplo es el segundo gol de su equipo en el Monumental frente a River. Fue a buscar un balón al sector derecho, con el mismo en su poder se frenó, levantó la cabeza, miró al área, eligió la mejor opción y se la colocó en la cabeza a Jonathan Torres. Esta configuración tuvieron casi todas sus asistencias en el año. Como la de la última fecha frente a Godoy Cruz. Mientras la pelota rodaba en el área grande, él miraba todas las opciones. Arco, arquero, defensores y sus compañeros. La mejor fue Walter Bou, quien metió el gol luego de su habilitación. Pero también lo hace con los goles, donde toca varias veces la bocha o acomoda su cuerpo, como si nadie se la pudiera sacar.

Un profesional con experiencia no es necesariamente mejor que uno sin ella. Pero también es cierto que la experiencia mejora al mismo. El caso de Lionel Scaloni es un gran ejemplo. El entrenador no necesitó haber pasado por diversas situaciones, pero está claro que lo que haga de ahora en más será productivo para su futuro. También pasa con los jugadores. Marcelino Moreno era dueño de una habilidad que aún mantiene, pero con la sabiduría de los años, de los partidos, de la vida, es aún mejor.

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