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EL LUGAR MENOS PENSADO


En 2011, Matías Catalán llegó desde San Lorenzo de Mar del Plata a su homónimo de Buenos Aires. Al año siguiente debutó en primera frente a River Plate. En 2013 fue campeón del fútbol argentino disputando tres partidos como titular. En la primera parte del 2014 jugó cinco encuentros, cuatro desde el comienzo. En ellos ocupó la posición de mediocampista derecho en tres ocasiones, una como lateral derecho y otra como izquierdo. En la segunda mitad del año, Los Cuervos ganaron su primera Copa Libertadores de la historia. Matías no disputó un minuto del certamen, pero sí lo hizo como titular cerca del final del campeonato, en las fechas 14, 15 y 17. En ellas estuvo contra Boca, Newell’s y Atlético Rafaela. En Santa Fe, Edgardo Bauza dispuso a Sebastián Torrico en el arco, Matías Catalán, Walter Kannemann, Mario Yepes y Emmanuel Más en defensa, Juan Mercier y Néstor Ortigoza en el doble cinco. Delante de ellos, Gastón Verón, Enzo Kalinski y Pablo Barrientos. Como único punta, Martín Cauteruccio. Un mes más tarde, en Marruecos, el entrenador eligió el mismo once, con un único cambio, el ingreso de Buffarini por Catalán, para enfrentar en la final del Mundial de Clubes al Real Madrid. Pese a estar en el banco de suplentes, Matías se encontraba en un sueño. De la Liga Marplatense a, tres años después, haber debutado en un grande del fútbol nacional, ser campeón del torneo local con el mismo, lograr la añorada Libertadores, ser de las principales alternativas del plantel, y estar presente, aunque sin ingresar, en la “final del mundo” a nivel clubes, contra el Real Madrid.

Era demasiado. Incluso, el 2015 lo arrancó como titular en la Libertadores, en el partido de visitante frente a Danubio, de Uruguay. Pero, como buen lateral, todo lo que sube baja, y entre el 19 de febrero y el 8 de noviembre, Catalán fue elegido tan solo una vez para el once inicial, y en otras cuatro ingresó. Cinco presencias en nueve meses. En 2016 se fue a préstamo a Atlético Rafaela. Ahí estuvo desde el arranque en los cinco primeros encuentros, luego fue alternativa, para volver a ser titular en su último encuentro en el club. Ocho veces pisó el terreno de juego de las 16 posibles. Matías Catalán dejó la primera división para jugar en la B Nacional en San Martín de Tucumán. Su rendimiento fue tan bueno que fichó por Estudiantes de La Plata, pero por problemas burocráticos no pudo jugar. México lo esperaba, nuevamente la segunda categoría. Otra vez a pelear de abajo, otro santo, otro rayado rojo y blanco: Atlético San Luis. Otra vez, sus grandes prestaciones en el ascenso lo pusieron en la órbita de los grandes clubes. Llegó a Pachuca. Pero en el club mexicano solo pudo jugar 13 de los 29 encuentros posibles. Su anteúltimo como titular fue en la derrota 3-0 con Tigres, donde el director técnico uruguayo Paulo César Pezzolano lo ubicó como defensor central.

Matías se encontraba lejos de sus primeros años, con altibajos. A su edad de 29 había visto más partidos desde afuera que desde adentro, lejos de lograr un torneo, variando su posición en el campo según el entrenador que le tocara, y viviendo como una utopía la posibilidad de representar a una selección. A principios de 2022 llegó a Talleres de Córdoba. “Primero quería venir a Argentina y encontrarme a mí mismo, y en Talleres hay grandes objetivos para lograr grandes cosas colectivamente”, cuenta el jugador. El entrenador Guillermo Hoyos lo ubicó en el once de memoria como lateral derecho. Jugó todos los partidos, menos el último, en el ciclo. En el interinato, de un partido, de Javier Gandolfi, Catalán fue suplente. Con la llegada del técnico Pedro Caixinha, ante la lesión del defensor Ramiro González, Matías Catalán comenzó a ser marcador central. El portugués había visto, en México, a Matías desarrollarse en la zaga en el partido contra Tigres, mientras él dirigía al Santos Laguna. El proceso de aceptación no fue nada sencillo. Pero el jugador fue el primero que lo entendió. “De central jugué muy pocas veces, pero tanto en esa posición como de lateral puedo dejar lo mejor de mí”. El marplatense se consolidó tanto en el puesto que no salió nunca, incluso cuando se fue Caixinha y volvió Gandolfi, pero esta vez para hacerse cargo del primer equipo. Casi no faltó, solo por alguna lesión, o cuando lo convocaron para jugar en Chile. Porque ese fue otro logro de Catalán: jugar en la selección del país donde nació su padre. El mismo Matías que este mes cumplió los 100 partidos en la institución cordobesa. En la Liga Profesional 2024 fue el jugador de campo con más pases largos buenos dados. También fue el tercer defensor con mayor porcentaje de duelos ganados. Sin olvidarse de lo que fue, y con lo aprendido en el último tiempo, el zaguero anticipó a Jáminton Campaz en mitad de cancha, superó a cuatro rivales, uno con un caño y, como lo hacía en las viejas épocas de lateral, pero ahora siendo uno de los mejores defensores centrales del fútbol argentino, definió con el empeine entero. Matías Catalán dijo que volvía a la Argentina para reencontrarse a sí mismo. En ese proceso encontró la regularidad, también un puesto que lo hace de lo mejor del país y la convocatoria a una selección. Quizás lo único que falte es eso que dijo al llegar a Talleres: “Encontré a un club con grandes objetivos para lograr cosas colectivamente”.

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